lunes, junio 20, 2011

En un Vitrasa...


Sale el sol, un nuevo día para poder ir a la playa. Me dirijo hacia la marquesina, a pocos metros de mi casa. Me siento con el corazón en un puño, y te espero. 5 eternos minutos. Descuelgo mi mochila de los hombros, mientras se anuda mi garganta. La angustia enturbia mis ojos húmedos escondidos tras las gafas de sol. Quizás sería mejor no esperarte y echarme a andar. No sé. Estoy nerviosa. Y es que, no lo sabes, pero mi mayor secreto es que te observo cada vez que pasas cerca de mí. A veces con sorpresa, otras con una sonrisa. Y en ocasiones con una profunda melancolía, como cuando te veo después de mucho tiempo.

Me gustaría abrazarte. Pero no puedo. No debo. ¿Por qué? No sé. No puedo expresar mis emociones con palabras cuando veo tu cuerpo robusto mientras te acercas a la parada. Sólo sé que te miro, con curiosidad,e intriga. A veces te adivino desde mi ventana. Otras, me paseo a propósito para cruzarme contigo. Quién sabe lo que se te pasaría por la cabeza si adivinaras mi pensamiento. Si no lo has adivinado ya.

Falta un minuto. Vuelvo a recoger la mochila, y observo expectante, a la espera de tu llegada. Sí, ahí vienes, puedo incluso adivinar tu mirada penetrante dentro de la coraza verde. Se abren las puertas. Entro, saludo, sonrío. Pero no te cuento mi secreto. Sólo busco un sitio donde colocarme... y seguir curioseando. Y es que te espío cada vez que pasas por mi casa, Vitrasa.
 
Contrato Coloriuris