martes, junio 28, 2011

Como dos extraños...

Como dos desconocidos. Te veo pasar, pero no te miro a los ojos. Tú tampoco me sonríes. Parecemos dos figuras de hielo, que no sienten. Quién lo diría que juntos nos quemamos en los infiernos de tu cama, cuando se había parado el tiempo y fuera el mundo había desaparecido.

Ahora todo eso da igual. He dejado la ingenuidad de lado y me he puesto la coraza que me ha protegido siempre de cada dolor y su placer correspondiente. La pasión que despertó en ti mi mirada se ha escondido, para siempre. Escondida a los cientos de curiosos que no deben saber, y que intentan descifrar tu pensamiento y a los pocos que aún se fían de mí.

El cielo está gris. Se acerca la tormenta. Yo camino, cubierta por mi abrigo negro, abajo, abajo, siempre hacia abajo, hasta ver el mar bajo la noche. El mar de Vigo, que siempre me consuela en las noches tristes. Aquel mar que has recorrido una y otra vez cada día. Al igual que el mar de mi cuerpo. La luna menguante parece burlarse de mí y reprocharme que me lo había advertido. Me cubro los ojos con las gafas de sol, no quiero que note mi vergüenza. Me quito el abrigo, y poco a poco dejo todo lo demás. Y paseo por la arena, entrando poco a poco en el agua, que cada vez se vuelve más cálida. Y te lleva. Me lava las heridas que me ha dejado tu indiferencia presente.

Sigues presente, aunque te escondas e intentes disimular y negar que la energía que se había apoderado de tu cuerpo es la misma que la mía. Y aún la sientes, pues marca la piel de cada ser humano con una fuerza voraz. Las gaviotas bailan en el mar, y yo con ellas. Siento los cantares de los grillos que parecen burlarse de mí, como lo has hecho tú.

Quizás había olvidado que la pasión pronto se consume en cenizas. Ahora soy las cenizas de lo que fui entre tus brazos y ante tus ojos.

Me siento a la orilla del mar, y dejo que el Atlántico me devore con sus mareas. Cierro los ojos mientras el agua me cubre, poco a poco, las piernas. Vuelvo a sentirme viva cuando siento su caricia entre mis dedos. La noche es tranquila. Tal vez una de aquellas noches que te gustaría compartir con una sola persona.
A lo lejos, se refleja una sombra, en el paseo. Una sola sombra, que desciende por la arena y se va acercando. Identifico tus formas mientras te acercas, y tus labios crueles y mentirosos me besan. Pero no puedo evitar que me raptes otra vez.

3 comentarios:

M.Flores dijo...

Es un texto bien escrito y muy nostálgico. Historias que se parecen unas a otras que se repiten como dos gotas de agua. El corazón esta lleno de amores que acaban pero que dejan un poso en las noches tristes. Saludos amiga.

mary padilla dijo...

vientos!!!!!!!!! esta muy padre te felicito

Aprendiz.Wicca dijo...

Cuántas veces he deseado quemarme en las llamas del infierno,aún sabiendo que son crueles,frívolas y caprichosas;mas me he rendido y fundido entre sus garras y entregado al deleite de sus besos, a sabiendas que mas tarde, quedarán solo cenizas de un amor efímero y consumido.

 
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